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¡Llega el verano!

3 de febrero de 2026 por
Margarita Garcia Gil

En estas fechas es frecuente oír en las conversaciones: “En el trabajo son fechas de locos, todo tiene que quedar cerrado antes del verano!”. O en la puerta de la escuela los padres comentan: “¡El final de curso es una locura, todo son clausuras, muestras de fin de curso y mil cosas!”.

Efectivamente, quien más quien menos llega muy cansado al verano y espera con ansias las vacaciones. ¿Vacaciones, de qué? 

Hacer, hacemos muchas cosas, lo que no es tan popular es detenerse y pensar. 

En la sociedad occidental contemporánea parece que tener mucha actividad, mucha exigencia, ir siempre con la lengua fuera y con toda la agenda llena sea un valor que cotiza al alza. Este estilo de vida puede acabar siendo poco saludable si tenemos dificultades para poner límites y acabamos haciendo cosas que no queríamos. 

El esperado descanso estival nos ayuda mucho a recargar pilas, es cierto. se reduce temporalmente el estrés, mejora el estado de ánimo, el descanso, fortalece las relaciones, etc. El riesgo, sin embargo, es que sea solo un parche y en septiembre, ¡a empezar de nuevo! De vez en cuando, conviene detenerse y pensar. Y como cuando uno se pierde con el coche, hay que poner en marcha el GPS y redirigir. 

Cuando llega el verano puede ser un buen momento de calma y claridad para revisar qué hemos estado haciendo este año, qué cosas nos tienen tan cansados. No para quejarnos, deporte muy practicado; sino para hacer un análisis un poco más profundo, más difícil. Echar un vistazo a las responsabilidades y obligaciones que tenemos durante el año a nuestro cargo, ver si hay conflictos familiares o con otras personas, ver si tenemos demasiada exigencia o dificultades para cuidarnos, descansar y hacer cosas que nos gusten también durante el año. 

Y, más difícil aún, ¿por qué seguimos repitiendo cosas que nos hacen sufrir? Las obligaciones y el ritmo acelerado dejan poco espacio para preguntarnos cómo estamos realmente, a menudo funcionamos en “piloto automático”, resolviendo las demandas del día a día sin sentir las señales del propio cuerpo. 

Si en verano podemos detenernos a pensar, podremos identificar mejor qué cosas nos producen malestar, tristeza, frustración, estrés. ¿Quiero continuar así el trabajo o será mejor introducir algún cambio? ¿Es necesario seguir sosteniendo esa relación que nos hace sentir incómodos o deseamos ponerle algunas condiciones?… En definitiva, pensar qué queremos, y qué parte de lo que queremos estaría en nuestras manos. Y especialmente, pensar qué o quién nos puede ayudar en este camino. 

¡Eh! ¡No desesperemos! No es necesario centrarnos solo en lo que no funciona. La reflexión estival también puede aportarnos hallazgos valiosos de situaciones que nos generan calma, satisfacción, motivación y alegría. Recuperar hábitos saludables, dormir, compartir momentos con las personas queridas, alguna actividad física que nos dé satisfacción… Y una vez identificadas y recogidas, como las conchas de la playa, ver si más allá del verano, alguna de ellas la podemos incorporar a nuestra vida cotidiana.

El verano puede ofrecer las condiciones para la reflexión, pero no siempre el acompañamiento emocional para afrontarla. 

A veces pensar algunas cosas puede dar miedo. Solo pensarlas, puede dar miedo. 

También puede pasar que cueste mucho saber qué queremos, cuál es nuestro deseo. O que tengamos contradicciones, deseos opuestos… Otras veces quisiéramos tomar una decisión, pero cuesta mucho hacerlo. 

Los profesionales de la psicología tenemos conocimiento y experiencia para atender casos graves, pero muchas veces damos apoyo preventivamente, acompañamos y damos apoyo en situaciones de la vida cotidiana para favorecer el bienestar emocional de las personas. Este verano puedes hacer unas sesiones de orientación y apoyo. ¡Tómate unas vacaciones de algún malestar de tu vida! 

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